Tontamente

Tontamente

Tontamente quiero llevarme todo.

¿Entiendes?

Ensanchar la carne hasta que todo entre:

el tiempo, las fotografías y el silencio.

 

¿Cómo querer ser habitado

si no conozco todos los rincones de mí?

Podría perder tantas cosas,

incluso a mí mismo.

Laberíntico es el corazón

del que escribe y quiere vivir.

Desgarros

Desgarros

Nadie te enseña a decir adiós.

Es mejor que no existan esos maestros;

nadie es experto.

Nadie tiene las palabras

ni el gesto,

para deshabitarse de las miradas

y cincelar los recuerdos.

 

Los últimos días se vuelven una cacofonía.

Por todos los senderos del alma

se atropellan todos los recuerdos.

Se congestionan como musas en un foco

y todas las palabras pesan.

Van cojas, rengueando, algunos tuertos,

y así sangrando,

así muriendo,

no cesan,

hacen zanjas así ciegos.

¿Será el silencio?

¿Será el silencio?

¿Será el silencio la base de todo?

¿Será el silencio la frontera insalvable?

¿Será el grito degollado

ante aquello que nunca será dicho?

Parece que al hablar del silencio

todo se volverá un será

esperando a que llegue a ser,

a aparecer vestido de harapos

o desnudo

o majestuoso

o con la boca llena de atajos y destrozos.

La enfermedad es una soledad

La enfermedad es una soledad

La enfermedad es una soledad,

nadie la padece por ti,

no pueden comprender tu dolor

o el hecho de ceñirte a una hora

para tomar tu pastilla

esperando que alivie toda la angustia

haciendo de ti una simple reacción química.

 

Tómese cada dos horas esto,

¿y el resto?

¿qué me calmará las horas muertas

en que la enfermedad me recuerda

que mi finitud sigue viva?

 

Es la última soledad,

el empellón con el dolor,

el vals de dos divorciados

que viven en la misma casa

y fuman la llaga y el sopor,

el hastío del encierro

y el amor no existente entre dos enamorados

que conocen poco a poco a la muerte.

 

El corazón te dice que vivas,

que no sepa tu mano izquierda

lo que hace la derecha,

pero se llevan los ojos maquillados de ojeras,

con la oscuridad del cansancio,

y aunque tengas el ánimo en la trinchera,

bien sabes que peleas solo,

tan solo,

hasta que sea inevitable el último sufragio.

Estoy habitado de silencio

Estoy habitado de silencio

Estoy habitado de silencio

y de eso tengo la casa llena.

Sin muebles, sin cama,

sin nada sobre la mesa,

porque así cada mañana,

así cada soledad,

uno a uno en sus gargantas

son profetas de la alborada.

 

Tengo la recámara llena de su viento

y de los recuerdos de sus besos.

Con ella conocí el amor,

el odio, el desprecio.

Me emborrachó de amor

y me contó los secretos

de todo lo que dije que estaba muerto,

sin color,

y brotó luz, tierra y fuego;

nada estaba podrido,

tan solo quieto,

como yo,

como lo que se esconde como difunto

en el silencio.