No hay más,

No hay más,

somos tú y yo; tú con tu raudal copioso, y yo con mi abrevadero lleno de sangre; tu desierto habitado de misterio, y mi palabra rota, quebrada, aullando con desprecio.

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¿Qué no me he preguntado en la noche?

¿Qué no me he preguntado en la noche?

Es la hora de la cacería,

del miedo de la incertidumbre,

de la dulce alegría,

del corazón desnudo,

todo en silen cio ocurre.

No tengo que usar máscaras,

ni palabras, ni emociones.

 

En la noche se está,

o sobrevivo o todo se corrompe,

o me drogo de horrores

sin poder descubrir

los manjares de la noche.

 

Yo enterré secretos en su terreno,

muy hondo, muy silencioso.

Andaba llorando por la flor sin pétalos,

sin párpados,

con los ojos como luna llena

en vigilia por la llegada del silencio.

 

Qué no te he dicho en la noche,

si llegué hasta exprimir el corazón

y en sollozos dejar que mis palabras,

mi silencio y mi ardor

peregrinaran por todo mi ser,

le dieran la espalda al sol

para comenzar a ver.

Espacio del sentido – Por Mario Bojórquez

Espacio del sentido – Por Mario Bojórquez

El mundo del hombre es el mundo del sentido.
Tolera la ambigüedad, la contradicción, la locura
o el embrollo, no la carencia de sentido.
El silencio mismo está poblado de signos.
Octavio Paz, El arco y la lira

La escritura es un espacio donde transita un desfile de sombras, con paso fantasmal, las palabras recorren su camino trazado por el pensamiento; en ocasiones, ese pensamiento vaga errando por galerías de una arquitectura esquiva donde un pórtico se abre a la nada o a un pasillo sin puertas y sin fin. Las palabras, entonces, encienden sus propias luminarias y deciden un sendero posible, toman algún camino, deciden un recorrido y van dando tumbos hasta que el andar es el propósito, ir y venir es la respuesta a esa inmotivada marcha.

La escritura se vuelve un espacio innominado donde el deseo de decir es menos un objetivo que un…

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Herido de tentación

Herido de tentación
¿Por qué quedamos heridos para siempre?

Seguimos sangrando por la herida del fruto.
La tierra y la madre nos concibieron
con una fractura en el corazón.
Quiero y no quiero.
Deseo y no deseo.
Condenados a ser libres.
Siempre con la navaja del elegir,
rumiando el otro del árbol de la ciencia,
indigestado desde la garganta.
El veneno del inicio.
¿Por qué Dios
dejaste que la serpiente nos estropeara
lamiendo el barro de tus manos?
No sé si el veneno es la libertad
o querer ser como tú,
o si mi querer está siempre rodeado
de luz y sombra.

Sensación de abismo

Sensación de abismo

Miro caer las piedras

y empujo la tierra a la oscuridad.
¿Qué habrá abajo?
¿Qué será aquello que se escucha?
A veces es un rugido,
lleno de saliva,
que me levanta en las noches
y jala mis cabellos.
Otras es tan sutil
que besa mis sueños
y me invita a bailar en la oscuridad;
me acaricia,
sabe hablarme,
sabe besarme…
sabe herirme.
No sé si es un monstruo o doncella
el huesped de ese fondo.
Dolor o esperanza,
o un tanto de ambas.
¿Por qué van juntas?
¿Por qué gustan de andar en los mismos pastos?
Va otra piedra al vacío,
que ruja la bestia,
que baile la doncella.

Seco

Seco

Seco como arena,

como escupitajo lanzado al desdén.

Estoy caminando,

o me arrastro más bien.

Y pido, doblando mis rodillas,

grito al crucifijo

con tierra en la boca,

ahogado de mi condición,

cansado de la libertad,

de esa cuerda que me sofoca.

Corre un llanto de espina,

abre surcos,

pido semilla, agua,

un grito,

lo que sea,

un beso en el cuello

o una hoja para desparramarme ahí,

beber de un río de tinta

o ahogarme en el silencio blanco.