Dejaré de decirte…

Dejaré de decirte…

Dejaré de decirte que te quiero,

no con palabras que no poseo

sino con esta sombra de luna,

seco, frío,

porque lágrimas ya no tengo.

 

Me sequé besándote

y a cada roce se clavó una espina;

tus besos me herían,

me hacían preguntar porqué,

porqué si estando tan cerca

no te siento mía.

 

Parece que sólo poseo tu recuerdo,

ese instante tan incompleto,

tan dolorosamente perfecto;

me torturo y me corto las alas,

inhalo humo, muerte, deseo,

grito al cielo desgarrándome hasta el alma,

y estás lejana, tanto tanto,

que aunque llore sangre,

por más que lo quiero,

tu recuerdo no baja.

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He perdido algo

He perdido algo

He perdido algo.

Lo sé cuando llega la madrugada

y me levanto.

Algo falta,

algo se escondió en el sueño;

no lo recuerdo,

no sé cómo se llama,

pero algo se fue,

o se durmió,

o no sé qué.

 

Escribo, leo,

Hurgo lo pasado;

hojeo y hojeo,

pero se va como lombriz en tierra

buscando en mis huesos,

dejando rastros de algo verdadero,

algo tan cierto

que se ha tornado tan extraño.

 

¿Ha llegado la edad de olvidar,

donde todo se prioriza y nada vale,

o todo vale y nada existe,

o de comenzar a contarme los latidos,

revisarme el rostro para llegar a un acuerdo con el tiempo?

 

¿Qué se me perdió

para volver a mirarme el rostro?

 

26.10.17/Guidonia Montecelio, It.

El corazón del hombre es la cosa más traicionera…

El corazón del hombre es la cosa más traicionera…

El corazón del hombre es la cosa más traicionera,

y difícil de curar;

siempre vivirá enfermo de soledad,

buscando soledad,

allí donde no ladren los perros,

lejos del mar,

muy lejos,

donde ni a sí mismo se pueda encontrar.

 

Y por no querer encontrarse,

a veces le digo: ¡cobarde ubérrimo!

Pero nadie es profeta en su tierra;

mi carne traiciona al espíritu,

el espíritu se vuelve contra la carne…

y todo es batalla,

dientes rotos y taquicardia.

 

Mejor no buscarse.

Traicionarse a sí,

que cada quien se las arregle

en esta tierra de nadie.

 

16.03.17/El Izote, Nay.

Cuán roto estoy…

Cuán roto estoy…

Cuán roto estoy,

me di cuenta

al ser habitado

por tantos fantasmas

llenos de espasmos,

terribles y largos,

cruentos, solitarios resfriados;

todo se cuela,

nada se deja

quemar en letargo,

cuando toda fractura

llega hasta abajo;

qué es abajo,

casa del ser,

ahí en hondura,

siempre en premura

de quererte ver.

 

06.03.17/El Izote, Nay.

¿Y si mirara tu rostro?

¿Y si mirara tu rostro?

¿Qué podría encontrar ahí?

El silencio más perfecto,

el gesto que no cae en desfiguraciones,

porque permanece el amor,

siempre el amor,

la más tierna soledad,

mi alimento,

el que me hace suspirar

a pesar de todo mi dolor.

 

Soy un tronco arrancado,

voy dejando astillas.

Azotado por el viento,

vapuleado por las olas,

quemado en momentos

por los incendios de mi historia;

pero vuelvo a tu cruz,

al silencio más profundo,

y ahí no entra el miedo,

ni el polvo, ni la polilla.

Tú y yo

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TÚ Y YO

estamos heridos hasta la muerte,

no podemos darnos el tiro de gracia,

siempre estaremos sangrando

porque nos herimos estando cerca

y agonizamos en la distancia.

Y no terminamos de morir.

Ya no nos vemos más.

No terminamos de mirarnos.

Las palabras se han marchitado

y quedó siempre algo que decir.

Quisimos convertirnos en un hasta siempre

que nunca comenzó,

y la noche, la flor de tu cabello,

la música que escuchamos

y el silencio que se guardó

se ríe de nosotros

y de nuestro pobre intento de no volver a coincidir nunca los dos.