“Si el drama segará nuestra esperanza, 


si la danza de los tiempos borrará las huellas de aquellas matanzas,


hoy rompo una lanza por la lucha que presencio


y que cesen para siempre los disparos de silencio.”

Nach

poeta y músico de las calles[1]

            Quizás hemos podido observar imágenes donde en las aulas de clases de muchas universidades del país se reservan 43 lugares para los muchachos desaparecidos de la Normal Rural de Ayotzinapa, junto con el clamor: ¡Nos faltan 43!

Es un grito que escupe sangre, miedo y desesperación; impotencia… ¡nos faltan 43!, ¡escucha México! ¡escucha taxista! ¡escuchen calles! ¡escucha madre, padre, abuela, perro, pájaro! ¡NO ESTAMOS COMPLETOS! Se han ahogado en el fuego unas voces que clamaban algo tan noble y sublime, un derecho con el que nacemos todos los seres humanos: libertad, justicia, esperanza. Ahora sus deseos descansan en ceniza. En muda ceniza.

México respira humo. Hace tiempo que estos valores yacen en una hoguera lenta y maquiavélica, y ante esta realidad atroz, hemos sido unos contempladores pasivos. No estamos de acuerdo con lo que sucede, nunca lo hemos estado, pero sólo eran opiniones que se gestaban y morían en el fuego de la indiferencia.

Tuvo que venir un golpe fuerte, un disparo más fuerte que todos, un fuego que nos hiciera retroceder un poco hasta caer de espaldas y mirar como se levanta un humo que ha ennegrecido nuestro pasado reciente, nuestro presente sangrante y nuestro futuro poco esclarecedor. Hemos mirado nuestras manos llenas de hollín, de los restos de nuestros hermanos calcinados por la cobardía de esos con corbatas y pantalones largos, y de la nuestra, para decir: Ya estuvo bueno, ¡nos faltan 43!

México ya no es el mismo desde ese 27 de octubre. Algo se rompió dentro de cada uno de nosotros. Ya no importa si detienen al capo más importante de la droga o si se quema la puerta del Palacio Nacional, nos hemos fracturado como país, como sociedad y como seres humanos; nos hemos estado desangrando por años y años, desmembrando lentamente ante la inoperancia de pseudo-servidores públicos que han hecho uso del poder fáctico para enriquecer sus alcancías personales dejándonos cada vez más sumidos en la miseria y en el silencio.

El cambio de podrida realidad depende de nosotros, porque el ejercicio político, del color que sea, ha muerto con este acto cobarde. Ha mostrado más que nunca su inoperancia ante el clamor de un pueblo que sólo quiere una vida digna. Y ante nuestra necesidad sólo dicen: ya me cansé.

¡Los que estamos cansados somos nosotros! Cansados de esta podredumbre, cansados de esta corrupción, cansados de la barbarie, cansados de nuestra realidad de porquería, ¡ya fue suficiente!… tenemos que empezar a cambiarla nosotros, y chin chin el que se canse.


[1] Ignacio Fornés Olmo, “Nach” es un rapero español, poeta y licenciado en sociología. Nació en Albacete el día 1 de octubre de 1974 aunque creció en Alicante. Sus letras, tan profundas como claras, hacen fuertes reclamos a los sistemas sociales, económicos y políticos. Puedes escucharlo en Youtube.

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