Sutil tu silencio en la espera,

mirada inconmovible

que desnuda las intenciones

sembradas antes de la nada,

en el sendero de mudas realidades,

y un demiurgo ordena

los arquetipos del destino,

y los niños patean esos bloques;

tiene que haber caos

para extraer el perfume del orden,

un poco de distorsión y hastío

para amar eso sublime incognoscible,

la pizca de sabor como fuerzas

rechazadas en un baile violento,

besos robados,

miradas negadas,

destino escurridizo.

Un perfume tan buscado

entre piedras y carne,

olvido entre las manos

y la desnudez existencial,

los ojos absortos en lo material

y lo contemplación de lo divino,

lo quieto y silencioso.

Y aquello que fue

sigue siendo en las mentes

existiendo desde el corazón.

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