Trascendencia

Cierto, soy finito,

al final de mis abstracciones veo una frontera:

yo;

soy mi situación límite.

Camino despacito,

luego corro,

siempre llego al límite,

se rasgaría mi piel ante el deseo de alcanzar,

mis ojos podrían perder color,

la mente ofuscada de ideas,

hasta ahí,

mi límite supone un paso

a un infinito,

mi muerte me desprendería

de la carne, la sal y el polvo,

ser tan sólo el humo de una vela apagada

y querer ser luz todavía,

y la paradoja duele

ante la imposibilidad,

y un resucitado dice que es posible,

y Freud lo llama neurosis,

Marx dice que es opio,

Sartre aclama que no existe,

y heme aquí,

mirando su palabra revelada

entre unas que dicen ser verdad,

todo se vuelve un juego de desestimaciones,

una verdad que niega a la otra,

y otra

como juego infinito

de la voluntad de poder,

y heme aquí

queriendo aglutinar

los ríos metafísicos,

gastando hojas y llorando tinta

ante el silencio de las rosas,

el dolo de espalda

y mis ojeras,

jazz, Tchaikovski,

Cortázar, Benedetti,

Hölderlin, el periódico de ayer,

Nietzsche y Heidegger

entre fotocopias

y mi camisa mal planchada

¡coño!

El desorden es perfecto.

¡Aplaudan carajo!

Qué obra de arte es la confusión,

qué lindo ya no saber qué decir,

las palabras se mofan de mi afán seductor,

y ahí voy con piropos y flores de papel,

queriendo desvestir a la verdad

y cubrir mi desnudez.


Fr. Jesús Manuel Silván

19.01.15/Zapopan JMSG

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