Fuimos testigos de un amor

más vivo que nosotros,

decoramos el cabello de una novia

con piel canela y ojos atentos,

nos besaron con poesía

y silencio,

entrega…

y fuimos guardados.

Sólo imaginamos los besos en la oscuridad

y las caricias nunca memorizadas.

Escuchamos las risas y el llanto,

un poco de amor,

otro tanto de dolor,

el insustituible olvido.

Tenemos los cabellos un poco secos,

hemos bebido letras

pero agonizamos por ver llover el amor,

la ternura en la mirada

y el beso del recuerdo.


Fr. Jesús Manuel Silván

22.05.14

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