Preguntas que se encienden en la penumbra

que salen disparadas como saetas de fuego

en la confusión gris de las inmensidades terrenas,

unas sobre pétalos y canto de pájaros,

otras sobre espinas y crujir de dientes.

Preguntas, preguntas…

Son como la regla que mide el alcance de mi mirada,

la fuerza de mi suspiro y el aliento de mis sueños,

algunas tan deseables como el beso del mar

y otras tan detestables como las miradas de reojo.

Hoy bebo de este manjar evitado

que se puede corromper si se come con soberbia,

si se anhela como algo ya escrito,

algo innecesario, si se considera mal.

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