Qué sería de la noche

sin ese manto de besos

confeccionado en la oscuridad de una banca,

sin el silencioso vapor del café

testigo de la compañía nocturna

que baña las nostalgias

escondidas a la luz del sol,

y sólo bailan con la perla elevada.

Las cartas se leen mejor de noche

y el desamor combina con la neblina escurridiza;

los besos robados son nocturnos,

escondidos, casi mágicos.

Las letras prefieren la belleza

de la ciudad dormida;

aunque camina en al vorágine,

ama ese velo negro,

se desmaya, muere,

vive, existe,

cierra los ojos

y vela ante la ceguera de los árboles.

Qué sería de la noche

sin la magia eterna de la creación.

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Un comentario en “Sigilo

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