Valle dantesco

donde el grito se ahoga

sin vasija que guarde

líquido tan frío.

Y los pasos andan

entre ladridos y espantos de conciencia

viéndose encarnar los terrores

escondidos entre los cabellos

metido entre las uñas

e inhalaciones que no encuentran aire.

Es un encadenamiento espiritual

que corta las alas

y ya no sólo pájaros que dan brincos

y no elevan.

Quizá sean dosis de alerta

o somnífero demencial

ante las necesidades no ínfimas.

¿Sigues detenido?

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