Ahí vienes caminando cerca

dando tumbos y unos cuantos raspones,

son los despertares necesarios de letargo,

el que envicia por el cero esfuerzo.

no compartes ese lecho frío

porque preferirías el cruel desvelo

a la suavidad de una pusilánime existencia.

Caes muchas veces,

te levantas para besar una vez más el suelo,

¿y qué?

Tocas el cielo terreno,

el añorado de esfuerzo con manos sinceras;

te dirán tonto por no aprovechar mieles placenteras

pero quieres unos cuantos piquetes de la abeja

antes de saborear los manjares.

Eso es caminar, eso es,

se anda a veces con alto vuelo

y otras rozando los labios al suelo,

¿y qué?

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