Lo único que va como el polvo

es esta duda, inquietud,

es el dolor en el talón ante el paso decisivo,

el escozor de mi posibilidad

y el despertar de mi maldita libertad,

condenado a ser mi propia acción

que martillea todas las noches

ante las lágrimas de la vela,

mi amante nocturna;

y sé que rondas en la noche,

¡pues ven!

Ven a la luz donde ambos somos desnudos

y enséñame la cicatriz del camino

y el rostro como de piedra

ante el desprecio humano,

¿cómo he de aprenderlo si no veo el tuyo?

Yo voy revolcándome en llanuras

que tú creaste,

el paso se hunde,

los pájaros caen muertos,

y yo camino,

pero dime, porque lo prometido

tiene algún rastro

y no sé si se lo comieron las palomas.

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Un comentario en “Rastros

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