Un compañero

El silencio vino,

quiere habitar en mí;

hoy lo escuché;

se me hizo tan necesario

que hasta el agua sintió celos.

El silencio hizo entrada humilde,

me dijo alegremente:

soy la antesala de lo sagrado,

¿me entiendes? No soy el final,

tan solo el comienzo de Aquel.

Entra bendito de mi Padre,

pregonero del Rey,

¡qué alegría escuchar los pasos

del que trae la buena nueva!

Disculpa mi desorden,

estoy acomodando la memoria,

y tú, silencio, eres el compañero ideal,

puesto que reconoces todo de mí,

sabes mi origen y existencia.

Ahora callemos un momento.

Un poco más,

creo que ya viene.

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