El hermoso consuelo de encontrar el mundo

en un alma, de abrazar a mi especie en una

criatura amiga.

 HÖLDERLIN

LA SOLEDAD FILOSÓFICA Y LA SOLEDAD MODERNA

Cuando nos referimos a la soledad desde el ámbito filosófico podemos encontrar diferentes acepciones, pero todas con un sentido común; se puede entender como la busca de formas mejores y superiores de comunicación, y no como un aislamiento social[1], no es prescindir de las relaciones sociales ofrecidas por el ambiente y el acto cotidiano, pues este tipo de soledad busca los nexos con lo hombres del pasado y de su presente[2], sino la interiorización, la actitud del sabio que entra en sí mismo para conocerse, introspección para ser proyección de sí ante el otro.

Pero fuera de este ideal filosófico, la soledad ha sido entendida en un sentido de aislamiento, derivado de un hecho patológico, como una imposibilidad de la comunicación relacionada a alguna forma de locura. También lleva el sentido de carencia voluntaria o involuntaria de compañía[3], aunado a un pesar y melancolía producida por la misma carencia o pérdida de algo o alguien[4]. Como podemos notar, tiene una connotación negativa.

Con esto no quiero decir que el concepto de soledad, fuera del lenguaje filosófico, esté errado, sino que no agota en su totalidad aquel carácter más profundo que puede significar para el hombre

DUNS ESCOTO: LA SOLEDAD E INCOMUNICABILIDAD DEL SER

En Duns Escoto he rastreado este concepto filosófico de la soledad, pero experimentado desde la incomunicabilidad del ser. ¿A qué se refiere cuando dice que somos incomunicables?

Habrá que entender primero que Escoto concibe al ser humano como una unidad compleja de cuerpo y alma, ambos guardando una relación especial y lo complementa con la definición de persona de Ricardo de san Víctor en cuanto a que somos una existencia incomunicable de una naturaleza intelectual[5]. Es así que la persona está constituida por la unidad substancial, de cuerpo y alma, y por su incomunicabilidad, donde se encuentra en la soledad que lo conforma en individuo. Escoto se sale del camino medieval donde se veía al hombre como un conjunto determinado en toda su existencia para afirmar la intuición más sensible e inmediata, la más primaria de todas: soy y existo, puesto que nadie puede decir de suyo no soy nada.

Ahora, esta incomunicabilidad es a nivel ontológico, ya que podemos reconocernos similares orgánicamente, pero en cuanto al acto de ser, estamos inhabilitados de vivir la existencia del otro y sus potencias. El individuo es una substancia irrepetible. Hablamos de una unidad compleja con voluntad propia individualizada. Es así que Duns Escoto ve a la persona como la última soledad[6]. La concepción de última soledad tiene que ver con la responsabilidad del individuo ante el ejercicio de su voluntad y libertad, la responsabilidad de aquel acto volitivo, que es equívoco, que es capaz de servirse de todas las demás potencias.[7]

Es así que experimenta esta soledad pues, ¿quién puede comprender el motivo de sus acciones, quién podría desentrañar el misterio de aquella certeza de ser, la forma de proyectarse ante el otro? La persona sale así de una cosificación alienante al entrar en sí mismo y dejarse vivir en la soledad existencial.

Y es en esta soledad responsable donde, aislados ante Dios, donde debemos atrevernos a ser enteramente nosotros mismos, no a imitar a tal o cual individuo, sino ser desde la responsabilidad del esfuerzo, tal es el heroísmo cristiano[8], del cual hablará Kierkegaard, porque no ser uno mismo es la desesperación[9], la desesperación de esa discordancia interna de nuestra síntesis (recordemos que Escoto nos concibe como una unidad compleja de alma y cuerpo) la cual se refiere a sí misma. ¿Qué nos quiere decir con esto Kierkegaard? Que en el momento en que nos avocamos más al cuerpo, a aquellas apetencias sensibles, nos sumimos en la irresponsabilidad ontológica de la ignorancia al no dejar lugar a las mociones del espíritu.

En este sentido, ignorarse sólo lleva a la desesperación y al error, aunado a la reflexión laxa conducida por el uso degenerado de los sentidos. Y cuando este encantamiento de los engaños de los sentidos termina, desde que la existencia vacila, aparece la desesperación que acechaba oculta[10]. El hombre tiene que hacerse responsable de sí.

Por eso surgirá como un clamor desde lo más profundo del ser, aquella exclamación de Nietzsche en Zaratustra: ¡Refúgiate en tu soledad, amigo mío![11], hay que salir de la plaza pública, donde termina la soledad, alejarse un poco de las gentes precipitadas y retomar el camino hacia la tranquilidad del espíritu[12], puesto que el ser siempre busca y escucha, y es necesario escuchar nuestra incomprensión ontológica desde este desgarro nietzscheano.

Es necesario volver en sí, pues si nunca nos hemos buscado, ¿cómo íbamos a poder encontrarnos algún día?[13], lo que buscamos se halla en las colmenas de nuestro conocimiento pero ¿quién de nosotros tiene la seriedad para tal empresa, quién se ufanará de decir: no hay necesidad de esto?

Y cuando se sublima la tarea más importante del hombre y su introspección, es cuando permanecemos ajenos a nosotros mismos, no nos comprendemos, por eso habrá que confundirse un poco, la duda, sino siempre estaremos a una distancia abismal, siempre será cierto lo que reza Nietzsche: De nadie estamos más lejos que de nosotros mismos, no somos conocedores de nosotros mismos[14].

¿Cómo llegar a este conocimiento? Dirá Sartre en La náusea: Cuando queremos comprender una cosa, nos situamos frente a ella, solos[15], salirnos de eso que llama este existencialista francés, multitud trágica en reposo[16], porque la existencia, esa irreversibilidad del tiempo, será dotada de ese algo sublime según la manera de encadenarnos a los instantes, puesto que el menor gesto nos compromete, compromete todo lo que somos, construye nuestro presente[17]. Y es así que vivimos en la angustia, pero no se trata aquí de una angustia que conduzca al quietismo, a la inacción. Se trata de una simple angustia que conocen todos los que han tenido responsabilidades[18].

En este punto es donde retorno a Duns Escoto, desde la angustia existencial de Sartre, habiendo pasado por el estadio de la desesperación de Kierkegaard y el refugio en la soledad en Nietzsche.

Escoto preveía un desenlace en el encuentro responsable de sí mismo, y este es la alteridad, la responsabilidad con el otro que también es un misterio incomunicable para mí, porque lo que también percibimos de ese otro, al igual que yo, es que es.

El hecho de conocer al otro es un querer libre, movido por el amor. Si el otro importa es porque se realiza por un acto libre. Cuando nos relacionamos socialmente, no lo hacemos de una forma automática, sino libremente, porque el acto voluntario es libre, y al partir del conocimiento al re-conocimiento del otro, salimos de la cosificación del individuo, partimos de la masificación al reconocimiento individual.

El ser humano posee aptitudes de encuentro con el otro hombre. El principio de integración mutua y libre entre los seres humanos, es la capacidad de creer en la cooperación social.

La libertad es una necesidad, una condición sine qua non que tiene lugar en el reconocimiento del otro como alteridad y sobre la cual se funda el contrato: la alianza. El contrato es un ejercicio de la libertad del ser.

¿Qué indicia reconocer al otro? El otro puede ser sometido a mis esquemas, en mi mundo, construirlo para mí mismo. Esto sería la solución más fácil para llegar a un acuerdo; pero la característica de última soledad expresa también la afirmación del yo de frente al no-yo.

Tender hacia la comunión con el otro es un constituyente característico fundamental de la estructura de la persona humana. El espesor de las relaciones humanas, sintetizables en las sociales, políticas y religiosas, se funda, por tanto, sobre la dimensión ontológica de la persona como ultima solitudo (última soledad)[19].


[1] ABBAGNANO N., Diccionario de filosofía, Fondo de Cultura Económica, México 2012, p. 990.

[2] Cfr. ABBAGNANO N., Problemi di sociología, 1959, XI, § 8, cit. pos. ABBAGNANO N., Diccionario de filosofía, Fondo de Cultura Económica, México 2012, p. 990.

[3] DICCIONARIO DE LA LENGUA ESPAÑOLA, Tomo II, Espasa, Madrid 2001, p. 2085.

[4] Cfr. DICCIONARIO DE LA LENGUA ESPAÑOLA, Tomo II, p. 2085.

[5] Cfr. Ordinatio, I, d. 23, q. un. N. 15. GIOVANNI DUNS SCOTO, Antología. Traducción del italiano a cura de Fr Miguel Ángel Sierra Rubio OFM, p. 163

[6] Ordinatio, III, d. 1, q. 1, n. 17. GIOVANNI DUNS SCOTO, Antología. P. 163

[7] Ordinatio, IV, d. 49, q. ex latere, n. 10, GIOVANNI DUNS SCOTO, Antología. P. 165.

[8] Cfr. KIERKEGAARD S., Tratado de la desesperación, Santiago-Rueda, Buenos Aires 1960, p. 12.

[9] KIERKEGAARD S., Tratado de la desesperación, p. 43.

[10] Cfr. KIERKEGAARD S., Tratado de la desesperación, p. 59.

[11] NIETZSCHE F., Así hablaba Zaratustra, Biblioteca Edaf, España 2002, p. 75.

[12] Cfr. NIETZSCHE F., Así hablaba Zaratustra, p. 75.

[13] NIETZSCHE F., Así hablaba Zaratustra, p. 39

[14] NIETZSCHE F., Así hablaba Zaratustra, p. 40

[15] SARTRE J-P., La náusea, Alianza, España 2014, p. 116.

[16] Cfr. SARTRE J-P., La náusea, p. 91.

[17] Cfr. SARTRE J-P., La náusea, p. 95.

[18] SARTRE J-P., El existencialismo es un humanismo, Editores mexicanos unidos, México 2013, p. 25.

[19] GIOVANNI DUNS SCOTO, Antología. Traducción del italiano a cura de Fr Miguel Ángel Sierra Rubio OFM, p. 62.

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6 comentarios en “LA SOLEDAD EXISTENCIAL Y EL ENCUENTRO CONSIGO MISMO UNA VISIÓN EN TIEMPOS DE MASIFICACIÓN. DIÁLOGO ENTRE ESCOTO, KIERKEGAARD, NIETZSCHE Y SARTRE

    1. TRIBU, MANADA, REBAÑO, ENJAMBRE; NUESTRAS FORMAS DE AGRUPACIÓN VARIAN DE ACUERDO A LAS CIRCUNSTANCIAS, TAL CUAL NUESTRA VENEZUELA DE HOY. LA SOLEDAD NO ES BUENA COMPAÑERA; ES UN LUGAR COMÚN, PERO AYUDA A SALIR DE NUESTROS BARRANCOS, A VECES VOLUNTARIOS.

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  1. ESTOY ESTUDIANDO EL TEMA PARA UNA TESIS DE MAESTRIA. ENCONTRÉ INTERESANTES REFLEXIONES EN ESTE MATERIAL, PERO NO SÉ CÓMO CITAR AL TIPO QUE LA ESCRIBIÓ, NO QUIERO ESCRIBIR UN SEUDÓNIMO NI UNA SIMPLE DIRECCIÓN “WEBISADA” SINO UNA REFERENCIA CON NOMBRE Y APELLIDO, PROFESION, CIUDAD, DONDE TRABAJA, EN FIN, MOSTRAR AL SUJETO DE CARNE Y HUESO QUE PARIÓ ESTAS IDEAS. SOY ANGEL ERIC MENDOZA GUTIERREZ, DE BARQUISIMETO, VENEZUELA, anermengut@gmail.com NO SE CÓMO NI POR DONDE SALDRÁ ESTE COMENTARIO. ¿SERÁ POSIBLE QUE ALGUIEN ME RESPONDA?

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