El pensamiento metafísico es la búsqueda de ese primer principio unificador de todo que se da a través de la apertura fundamental, ese “despertar” que suscita un maravillarse de lo que ya existía en torno a nosotros, pero que no se había observado detenidamente, y al situarnos en ese primer encuentro, en esa primera vez que reconocemos al otro y a lo otro, es cuando surgen las preguntas que aborda el pensamiento metafísico: ¿por qué hay algo y no más bien nada? ¿por qué existo? ¿qué o quién es el que propicia este encuentro con los entes, conmigo mismo?

Es así que intuimos algo más de lo que percibimos con los sentidos; hay algo que consideramos existente, pero no entendemos por qué existen las cosas. La metafísica, pues, nos conduce a la reflexión de este primer principio, a tener la materia como fuente de conocimiento, pero también a reconocer que hay algo más allá de la materia, algo que la hace ser.

Es tratar de entender como en la naturaleza se van dando cambios y modificaciones, pero a la vez, cómo es que permanece. Es salir de las apariencias, llegar a la sustancia prescindiendo del contenido representado por los accidentes: poner la mirada en lo que es el hombre y no el hombre blanco, negro.

Es un prescindir de los ejemplos que ya van cargados de un cierto contenido, para llegar hasta la pura forma funcional del acto puro, hasta el puro modo de ser. El acto puro, es lo único realmente original, aquello que más admirablemente podamos pensar. Y el hombre debe con conducirse a ese camino admirable, porque el ser se lo reclama.

Por eso es necesario el pensamiento metafísico; es tan pertinente en nuestro tiempo, pues el cientificismo, haciendo alarde arrogancia y prepotencia, ha querido responder a las preguntas más fundamentales del hombre, con posiciones reduccionistas, que al final no satisfacen al hombre mismo. La ciencia no nos ha dicho qué es la vida en sí o por qué tenemos el deseo de una trascendencia. Y ante estas nulas respuestas de la ciencia surgen posturas totalmente contrarias a la metafísica, como el nihilismo.

No podemos decir que todo es nihilismo, relativo pues en lo más profundo hay algo que permite todo se dé, y aun en nuestra diferencia y diversidad, tenemos un común denominador que suscita el encuentro con el otro y conmigo mismo.

La época contemporánea en su profundo relativismo y con el avance de los métodos tecnológicos, ha querido dar respuestas a situaciones que son meramente prácticas, técnicas, que facilitan procesos, y se nos quiere hacer pensar que esto que vemos, esto que sentimos, es toda la realidad. Que no hay una necesidad metafísica, a como lo afirma Nietzsche, porque afirmar el pensamiento metafísico es declarar verdadero aquello que se construye sin bases sólidas y desde miradas perspectivistas que quieren ser tenidas como verdad.

Pero el hombre no se rige por procesos mecánicos; hay en el un ser que intuye la belleza, lo bueno, lo verdadero. Que necesita saber razón de su existencia; de la multiplicidad y unidad de todo, pues él se considera uno, único.

El hombre busca una unidad que intuye, y no le basta la nada; la nada no es un camino ascendente; es de cierta forma una limitación. ¿Limitación a qué? A dar un paso más de lo evidente, a recorrer el camino donde no hay certezas científicas o que se puedan someter a laboratorio, pues la metafísica ha aprendido que lo más grandioso de la existencia es misterio, un misterio que debe de reflexionarse.

Buscamos la unidad, porque en el ente hay una unidad que va ligada al ser. Si no existiese esa unidad, dejaríamos de ser lo que somos, y la nada es impensable. Así podemos entender por qué hay una “necesidad” en los animales, en las personas y las sociedades de los más diversos géneros. Es interesante pensar el ahínco con el que se custodia su unidad. Porque la unidad misma es la supervivencia.

Esta unidad que explica la metafísica no es la unidad de procesos químicos y biológicos, pues bastarnos con esa explicación sería quedarnos en la miseria existencial; la unidad a la que quiere llegar es a ese trascendental donde reconozco que yo soy uno pero que el otro y lo otro también son uno.

Es la unidad que nos lleva a buscarnos y encontrarnos. ¿De qué forma podría explicar esto la técnica o la ciencia de forma definitiva? Las redes sociales no son el encuentro; los sistemas de comunicación no son el origen del encuentro. El ser, el simple hecho de que somos, es lo que permite el encuentro, la unidad, el que percibamos algo que es bueno, verdadero y bello, y también de que alguien nos perciba, otra subjetividad, que no soy yo, pero que me cuestiona, sin caer en la dialéctica del amo y el esclavo de Hegel, sino contemplándolo en su simple apertura.

Esto sigue suscitando dudas, pues ahora la cuestión es quién nos da la unidad; ¿será algo de suyo en el ser humano, en las cosas? Si todo es diverso y múltiple ¿podremos llegar a una unidad real entre nosotros?

El compromiso de la metafísica es llegar a eso que es uno, verdadero; tal es también el compromiso de la ciencia, que no parte de la nada, sino que se vale del mismo razonamiento para llevar sus abstracciones e inducciones a la experimentación.

Sin el trasfondo metafísico no habría ciencia, pues no se puede tratar de probar un hecho, de encontrar una verdad, si antes no se han hecho preguntas, si antes no se ha dejado que el ser suscite una duda fundamental.

Tuvo que mirar primero el cielo el hombre y dejarse sumergir por su misterio y amplitud para luego formular teorías, explicar la relatividad del tiempo y del espacio, formular cómo es que la gravedad nos afecta… tiene que partir de una apertura esencial, y eso lo experimenta el ser que es racional.

Se tiene que volver la mirada a la metafísica, pues el pensamiento se ha secularizado de este camino que fue el originario de toda una corriente de reflexiones; nos hemos dejado convencer en que toda verdad tiene que llevar la fórmula científicamente comprobado como si fuera la ciencia la única que busca la verdad.

La metafísica busca la verdad no tan sólo en las apariencias, sino en aquello que es latente. Es aquella verdad de lo que somos, la que explique el por qué nos preguntamos y no nos quedamos en una eterna duda o mecanicismo.

Para una mente que se encamine en el sentido metafísico, las respuestas le llevan a hacerse otras preguntas y, como he mencionado en un principio, la solución relativista y nihilista, no es una opción que satisfaga al ser, pues el hecho de ser ya lo hace despreciar la nada. El simple hecho de ser lo lleva a querer descubrir lo más profundo en el hombre y lo más misterioso del universo.

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Un comentario en “Sobre la metafísica y su necesidad actual

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