¿Qué buscas muerte

cuando nos arrancas las raíces,

cuando desprendes nuestras manos

de esta tierra que nos ha formado?

Porqué tanta violencia en el parto

y tanto dolor en la partida;

porqué nos tienes en vilo somnoliento,

porqué vas sigilosa

para luego aparecerte y cantar

ante el sonido último y doloroso,

esperanzador y silencioso.

Conoces el momento,

pero dejas que el sudor perle nuestra frente,

que nuestras manos se cansen

y la piel se abra,

luego… oscuridad y luz.

Quién lo comprendería,

Quién osaría entender esto

¡locura existencial!

Vivir como si tu nunca llegaras,

Como si al respirar más fuerte

te alejaras más

y te fueras a tu cueva para recoger otra flor.

Árbol arrancado que llora sobre sus raíces,

pared que cede ante una fuerza mayor.

Canto, pétalos, incienso.

Mármol frío que no consuela.

Sólo una esperanza, sólo un anhelo,

que en el último canto yo pueda sonreír

y clamar: gracias Padre mío,

génesis y culmen,

consolador de los afligidos,

alfarero de barro quebrado,

árbol siempre verde,

mírame a los ojos,

ámame en mi oscuridad y luz,

ama esta tierra que vuelve a tus manos,

recíbeme y ámame como siempre,

Amor mío.

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