Una sola entrega

Una Sola entrega,

cordero mancillado,

un solo derramamiento de sangre

fue lo que bastó

para que la luz absorbiera la oscuridad,

el aire que brotó de tu costado

sopló el tedio de mi existencia,

alejaste el polvo de esa antigua iniquidad

y dijiste: así se debe vencer,

desde mi entrega cuando la haces tuya.

Con la boca abierta

y el corazón palpitante

quédame, Señor, ansiando tus pies,

el soporte ante mi pecado.

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