Sé que te paseas en mi claustro

entre ecos y madrugadas de cantera

y he visto desfilar constelaciones

arpejeando preguntas,

gritos y anhelos,

todo por pronunciar tu nombre

que se me escapa como un pez.

Suspiro ante mi ventana,

escudriño mis sueños

buscando tu piel

o tu mejilla para sembrarte un beso,

un deseo.

Ven de nuevo,

ven aquí a mi carne,

a esta herida que suspira por ti,

a esta debilidad que lo es más sin ti;

ven y bésame los recuerdos,

susúrrame en los sueños,

hazme volar con los suspiros

que mueven a los árboles

y que mantienen a los pájaros en vuelo.

Yo sé que vas por mi claustro…

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