TE MIRÉ EL ROSTROy se me quedó grabada tu alma

y los paréntesis de tu boca,

yo no veía el contorno,

ni el viento ni el sol,

con sola tu voz me sofocas,

entró en la calma,

en la tormenta, 

en este remolino de sábanas,

y cuando no estás

es la tortura más cruenta. 
Te veo en todos lados,

en la sombra del espejo,

en la caricia ni dada,

caminando en los lagos.
Cierro los ojos y de nuevo 

ahí donde se anidan las ansias 

y el dulce secreto,

ahí pronuncio tu nombre

para que se encienda como fuego,

que tome alas,

que me queme por completo. 
Si no me consumo en ti

entonces que me convierta en cenizas

pisoteado y ladrado por el olvido

porque para qué ir de prisa 

si no alcanzo siquiera tu recuerdo,

tu mano o tu olor a jazmín,

mejor ser molido que ser un fantasma con la sonrisa caída 

si no te reto aquí. 

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