Se me vendrá todo el amor a la cabeza,

y pediré que me decapiten,

la arrojen lejos

o sea incinerada

y que sus cenizas la precipiten 

-o las vomiten- 

en los ojos más viejos,

los más cercanos a la muerte,

al leño extinguido,

tierra mojada, orinada por el tiempo,

no sea que reviva 

y yo recapacite. 

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