Detesto la palabra terapia,

porque es como un dios,

es omnisapiente, omnipotente,

omniaquí y omninada,

y siempre me dice que estoy enfermo

pero sólo da curas vanas. 

¿Te palpita el ojo?

Ve a terapia con un loco. 

¿Te tiembla el corazón?

Terapia de no sé qué. 

Pero para el silencio y soledad 

no hay nada que alivie un poco. 

Ninguna terapia sirve para dos

ni la misma palabra al menos para uno, 

no se completan,

se quedan en la caja de pastillas

para que caduquen 

y queden ahí muertas,

con todo y su terapia. 

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