después de todo,

busco la unidad,

aún con toda mi dispersión,

con la fiera de mi perversión,

porque hay un hilo conductor

que enlaza cada grito,

cada silencio,

cada mirada perdida que escudriña

los pétalos llorados por tierra,

aun las pasadas guerras;

todo deja migajas de pan bajo la mesa.

 

Y en cada gota de rocío

entre todo el torbellino del ser,

la más grande soledad,

bailando siempre con mis contradicciones

éste vals de los enamorados,

éste canto al silencio profundo,

así en lo lúdico

junto con lo trágico,

pregunto por la verdad.

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