¿Cómo entro en tu silencio

y acallo todos estos gritos lastimeros

que te buscan a ti

pero se estrangulan entre ellos?

 

Sólo quiero andar por tus jardines

contemplando la belleza de tu rostro,

y así, pequeño y todo roto,

sin el aullido de los mastines,

te encontré a ti, el totalmente Otro.

 

Ya tengo un zumbido tatuado en mis oídos;

llevo el canto de mis desgracias

memorizado en mis ojos,

pero mírame,

mírame postrado de hinojos,

sólo necesito el dulce canto de tu gracia.

 

Ya no quiero las coplas del sofista

ni la falsedad de los vendedores;

tan sólo tú me bastas

para desterrar mis noches de horrores;

ven hoy aquí,

ven con tus amores

y conquístame.

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