el tuyo, inmenso y perfecto;

el mío, roto y lastimero.

Apenas soy nada,

un pájaro con el canto moribundo.

He buscado asilo en todos los árboles.

Comí frutos de desesperación y miedo,

y sólo en ti me he nutrido.

Sólo en ti encontré mi voz

para entrar en tu silencio.

Ánclame ahí,

en ese claustro que susurra

con corazón de jardín;

poséeme hasta dejar de ser mío;

deseo perder mi nombre

de tanto pronunciar el tuyo.

Derretir mis ojos

en la llama de tus labios,

hasta que no quede nada fuera de ti,

ni mi voz,

ni mis manos

ni este silencio que prefiere morir

antes que apartarse de tu lado.

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