Necesito callar…

y tener silencio de árbol

y quietud de cerro,

porque no busco gotitas efímeras, sino el impetuoso caudal

que bulle libre, fuerte

y que no sabe de encierro.

 

Por lo menos aquí estoy quieto

aunque el corazón dé trompicones

y tumbe todos los frascos,

pero deseo llegar a ese desierto

donde mi lengua cese los empujones

y deje de ahorcar a las palabras

que me producen asco.

 

Silencio, silencio.

Es momento del preludio

y de la pausa donde se crea,

donde la semilla rompe su virginidad

para hacerle el amor a la vida;

 

que vea,

quiero ser testigo de esa profundidad,

del lugar donde no tive que meter la mano

para encontrar el silencio,

porque ya habitaba ahí,

ahí,

siempre ahí.

 

 

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