el grito más profundo

y el silencio más fructífero.

La conciencia se niega a dormir.

Tiene que ordenar de noche

lo que el día compró en oferta,

y sólo en esa tinieblas luminosa,

en ese abismo necesario

donde reencuentra al ser

con un espejo en el rostro

y una flor en la mano.

 

Algunas noches en vigilia son necesarias

para expiar el alma de fantasmas.

Se está más dormido de día

llevado por el sopor de la rutina,

y en la soledad,

en ese silencio del génesis,

se escucha el clamor profundo,

la voz libre,

el canto último.

 

 

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