Estoy habitado de silencio

y de eso tengo la casa llena.

Sin muebles, sin cama,

sin nada sobre la mesa,

porque así cada mañana,

así cada soledad,

uno a uno en sus gargantas

son profetas de la alborada.

 

Tengo la recámara llena de su viento

y de los recuerdos de sus besos.

Con ella conocí el amor,

el odio, el desprecio.

Me emborrachó de amor

y me contó los secretos

de todo lo que dije que estaba muerto,

sin color,

y brotó luz, tierra y fuego;

nada estaba podrido,

tan solo quieto,

como yo,

como lo que se esconde como difunto

en el silencio.

 

 

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