Tengo la cicatriz de un grito

y ayer se abrió.

Lo escuchaste

y aunque la sangre corrió

algo se resquebrajó lentamente,

se desmoronó ese sigilo,

terminó el novenario del luto.

Es un cerrito silencioso

lleno de cenizas y abrojos,

aunque también de flores y arroyos,

y el palpitar de la vida,

de esto que nace consecuentemente.

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