De la noche sólo tomo pedazos

y de la luna un beso en la frente;

de la carne un recuerdo

que se redescubre a besos;

la magia de tenerte,

de traerte de entre mis marañas,

es un ejercicio como sembrar una planta,

perder el miedo de su futura muerte

y un anhelar la fresca sombra no crecida.

Busco en todas las hojas tu voz;

la noche se ríe de mi fuerza no vencida,

la batalla no acaecida.

Hasta que muera la luna

no dejaría de sembrar plantas

hasta que llegue tu olor,

la paciencia inigualable e imperfecta de ti.

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