Seco como arena,

como escupitajo lanzado al desdén.

Estoy caminando,

o me arrastro más bien.

Y pido, doblando mis rodillas,

grito al crucifijo

con tierra en la boca,

ahogado de mi condición,

cansado de la libertad,

de esa cuerda que me sofoca.

Corre un llanto de espina,

abre surcos,

pido semilla, agua,

un grito,

lo que sea,

un beso en el cuello

o una hoja para desparramarme ahí,

beber de un río de tinta

o ahogarme en el silencio blanco.

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